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| El Columnista

Estado de coma

El coma, llamado en ocasiones estado vegetativo, es un estado de inconsciencia profunda. Una persona en un estado de coma está viva pero es incapaz de moverse o responder a su entorno. El coma puede ocurrir como complicación de una enfermedad subyacente o como resultado de lesiones, como un traumatismo craneoencefálico. Las personas en dicho estado han perdido su capacidad de pensar y percibir su entorno, pero conservan la función no cognoscitiva y los patrones normales de sueño.

Aunque quienes están en estado vegetativo persistente pierden sus funciones cerebrales superiores, otras funciones clave como la respiración y la circulación siguen relativamente intactas.

¡Así como lo lee! la intendencia de Salto está en estado comatoso o vegetativo, esto es, no está muerta, respira, le late el corazón y fluye la sangre, apenas a nivel de supervivencia, con las mínimas funciones vitales. En términos económicos-financieros la intendencia vive una inédita situación en la que está estaqueada, inmóvil, apenas puede pagar la nómina de sueldos mensual, la recaudación viene en baja, las transferencias nacionales en veremos y la asistencia bancaria limitada. Y para colmo de males la caída de la economía, el rompimiento de la cadena de pagos y tantos otros males producidos por el coronavirus.

No hay margen de maniobra para nada, los gastos fijos son enormes y los ingresos en caída libre, la deuda generada por el déficit es millonaria, de manera que al símil del coma humano, no está muerta, pero no se mueve, está postrada, no hace nada, no habla ni da señales de vida. Las obras están detenidas, el mantenimiento al mínimo, la ciudad sucia, desarreglada y destruida, el panorama vial es una calamidad, y el ajuste de guerra en salarios y cargas horarias en penosa marcha. Y todavía al intendente Noboa le alargaron el suplicio hasta octubre, por lo menos; la changa se le alargó unos tres meses más.

El desafío de la actual administración es mantener el nivel de flotamiento, casi como la hibernación de algunos animales que bajan sus requerimientos al mínimo para poder subsistir en el invierno. Ese es el panorama actual.

¿Cuáles serán las perspectivas para el próximo intendente departamental? Como decían antaño “se quemaron los figurines”, no importa quién agarre las riendas del gobierno, a lo sumo aspirará a que siga todo como está, pagando los salarios en tiempo y forma, un poco de chapa y pintura de la ciudad, una economía de subsistencia y racionalización de los gastos municipales. En este marco actual no podrá ni echar gente en mayor medida ni colocar otra en plan recambio; no podrá mantener enteramente los cargos de confianza política de la administración; no podrá gastar en viajes, viáticos y publicidad; no podrá ejercer con luminosidad y ostentación el cargo de Intendente de Salto, y no solamente porque no quiera sino porque no sencillamente no podrá; no habrá recaudación ni complemento nacional.

De manera que no se trata de ni de buena voluntad ni de mejores intenciones, ya no es posible el voluntarismo populista que muchos candidatos pregonan, ahora se tendrán que acomodar a las circunstancias de catástrofe económica y austeridad monacal en la acción de gobierno, no importa si es blanco, colorado o frenteamplista. Lo que vale ahora, la materia de cambio electoral es la calidad de las personas, su don de gente, su integridad y honestidad, su firmeza y disciplina para liderar en el próximo quinquenio. Lo demás es cuento.

 

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