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| Editorial

El gran debe por la inseguridad en que vivimos

En el país, cada vez más, se dan robos violentos con delincuentes que esgrimen y no dudan en hacer uso de sus armas de fuego. Algunas de ellas de fuerte poder que según informes de la policía se ofrecen en venta o alquiler en un mercado ilegal que se ha abastecido de países limítrofes o de robos a agentes policiales y hasta a efectivos militares. A ese nivel de acciones audaces ha llegado nuestra creciente delincuencia.

Ante esta situación, hace ya un tiempo, desde el gobierno nacional y de su Ministerio de Interior se han emitido consejos, recomendaciones de cómo un ciudadano debe manejarse ante un hecho delictivo. Se ha recomendado no resistirse, colaborar entregando el dinero o bienes y no mirar al delincuente.

Todo apuntando a que la víctima no sea lastimada o baleada. Pero, de poco ha servido. El delincuente se está acostumbrando a ser violento y los casos de rapiñas o asaltos con victimas heridas o ultimadas lamentablemente están al alza.

Más allá de todas esas propuestas, recomendaciones, para nuestra visión la realidad es que tenemos un gobierno ausente que no se ha decidido a enfrentar a la delincuencia con la decisión y firmeza que debería hacerlo. Se olvidó que esa es una de sus obligaciones constitucionales. Concretamente la que marca claramente que debe velar por la vida y seguridad de sus ciudadanos. Pero su mensaje es algo como: “cuidáte vos, porque nadie más puede hacerlo”.

Todo este agravamiento es consecuencia de haber sido displicentes por mucho tiempo en el tema de la seguridad, calificando lo que ocurría en las calles como fruto de una “campaña” de los medios de comunicación, potenciada por la oposición política, que apuntaría de esa manera a obtener una ventaja electoral.

Pero a medida que pasa el tiempo, se generó un espacio de creciente proliferación de rapiñas, asaltos a mano armada, homicidios, y hasta lo impensado, de crímenes realizados por sicarios. Algo, que puntualmente en los últimos tiempos, se está convirtiendo en algo repetido y con ello lamentablemente común.

En esta semana que finaliza hoy, se informó de cuatro ejecuciones de sujetos vinculados al narcotráfico ya en ventas al menudeo o por guerras territoriales , a lo que se suman episodios de “mejicaneadas” es decir robos a bocas de venta, por otros narcos.

Esta situación, es evidentemente que le esta dando un nuevo empuje a la creciente desestabilización de la tranquilidad ciudadana.

Hoy, no hay a nivel país y menos en Salto, zona, barrio, que no este expuesta a hechos delictivos, por lo que el famoso argumento de “sensación térmica” ya nadie lo acepta porque los hechos se han encargado de fijar una realidad que no se puede ocultar. Lo evidencian las crueles estadísticas, y lo que era un fenómeno de barrios complicados o zonas rojas, se ha extendido a cualquier punto.

Hoy son blancos de rapiñas no solo los comercios, o el peatón solitario en un barrio cualquiera, también los repartidores, fleteros y hasta el personal de servicios de emergencia médica. Estos últimos, han planteado de que aquí en más, ciertos servicios a ciertas zonas, irán solo si contaran con protección policial.

Por otra parte, encuestas revelan que la principal preocupación de la mayoría de la gente, es la seguridad, seguida por el desempleo.

Las esperanzas que generó el nuevo Código de Proceso Penal, se han ido poco a poco desvaneciendo. Ante las penas alternativas, los criterios blandos o salidas negociadas, bajo cuestiones que vuelve más impune a la delincuencia, evidencian una vez más que no hay una política real de combate a la delincuencia. Porque con estas actitudes y situaciones, lo que se ha ganado es que la delincuencia entienda que su impunidad es mayor y que tiene mil manera posibles de “zafar” de ir a prisión. Y sobre eso, que en parte se ha reconocido y llevado a algunos ajustes, marca que en inseguridad, se insiste por quienes aspiran a un cuarto mandato de gobierno nacional, en recetas de seguridad, que hasta ahora, solo han logrado incrementar la inseguridad. Así lo marca la realidad de los hechos y episodios que se viven a diario.

 

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